Yo tomé una opción hace 13 meses.
De dejar la numerología y las coincidencias místicas para el dato curioso y abrir los ojos ante la realidad, que aunque fuese más dura al final tornó ser más hermosa, más compleja, más... simplemente más.
Pero también menos.
Menos injusta, menos caprichosa, menos hiriente.
Tomé la opción de vivir. De sacar la cabeza fuera del horno. De dejar de lloriquear en los rincones por fantasmas deshilachados, de aprender a vivir con el pasado para poder construirme un futuro. Eso lo hice yo, solita.
Poco a poco me fui reconstruyendo del polvo, de las cenizas. Y no, no son sólo las heridas que el amor dejó a garra limpia. Estoy hablando de todo lo anterior, de todas las heridas, de todas las taras, de todo lo que tenía en mi podrido agujero de adolescente compasiva.
Es tener el coraje de pensar que finalmente me merezco ser feliz, por cursi que suene.
Es tener las bolas hipotéticas, la cantidad de estrógeno necesario, para poder mirarse directamente al espejo y sonreír y mandar al carajo al mundo, porque por un segundo entiendes que no es tuyo, pero que tampoco debe por qué pisarte los hombros cada vez que se le para la gana.
Aprendí a caminar de nuevo, aprendí a volar de nuevo, aprendí a soñar de nuevo. Aprendí con un angelito blanco y negro que me mandó el cielo hace cuatro años ya, ¿o ya son cinco?
Da lo mismo.
Hoy día, que me siento alta, diré que es toda una vida. Diré que me encantaría que fuese toda una vida.
Porque escogí bien.
jueves, 3 de mayo de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
Clic
Escúchame bien.
Alguien dijo una vez: una vez está bien... dos veces es para los tontos
He sido el policía bueno, el policía malo, el policía olvidadizo, el policía estúpido, el policía rudo. Ya no soy policía, ahora yo soy el ladrón.
Escúchame bien, ¿oíste?
El tipo en la silla se retorcía, el sudor caía por su frente en largas hileras. Sentía que la lengua se le iba a partir en dos por la presión de la mordaza. Un trozo de tela maloliente cuyo sabor le daba arcadas. Se había meado del susto causando la risa del otro, y de bonus le lanzó una bofetada.
Si te vuelvo a ver por aquí, vas a desear no haber nacido.
No. No quiso decir eso... era demasiado western, demasiado cursi como para ser tomado en serio.
Si no me dejas en paz, voy a sacarte la piel y usarla de felpudo.
No. Muy Hannibal Lecter.
Ya te lo advertí,, y sin embargo tú te crees el dueño del mundo. No eres nada más que un maldito imbécil egoísta, ¿no? Te dije que mantuvieras la distancia. Tú no eres ningún héroe. Los héroes no le temen a la oscuridad, ni se mean con una mordaza y un par de cachetadas. Tampoco se asustan frente al cañón tibio de una pistola descansando en la sien.
El tipo en la silla seguía retorciéndose, desesperado, frenético. Tenía la camisa mojada por el sudor y los pantalones manchados por la orina. Una rata cruzó en el fondo de la habitación de cemento. No había nada más en ella que no fuese un par de sillas y una mesita de café roída por los años. Se veía tan debilucha que no hubiese resistido ni una taza de café. No podía decirse a sí mismo donde estaba. Estaba completamente jodido y él lo sabía.
Vamos a jugar a la ruleta rusa. ¿Conoces ese juego verdad? Era el mismo que jugabas tú conmigo. Te encantaba ver mi cara mientras me apuntabas con tu Colt. ¿No eres tan rudo ahora verdad? No eres nadie.
Tiró del seguro y un clic metálico hizo que se le subiera la sangre a la cabeza. Estaba mareado, pero el odio acumulado año tras año podía más que el mismo incluso. Era como estar mirando una película de suspense desde fuera. Ya no podía echarse atrás. Ya había soportado demasiado abuso.
El tipo en la silla había logrado soltar la mordaza. El otro pensó que hablaría, que comenzaría a gritar, y no lo detuvo con la mano por miedo a que se la mordiera. Lo había visto defenderse con todo el cuerpo, utilizando hasta las uñas de los dedos de los pies. Tampoco lo tomaba por sentado. En vez de eso se quedó quieto, mirando hacia un lado con las ganas de verle la cara a su oponente, que todo este tiempo había estado hablándole a su espalda, oculto. Sentía la pistola en la sien y sabía que si no movía bien sus cartas lo iba a perder todo. Y ese todo era demasiado grande.
¿Vas a hablar?
Silencio.
¿Te comió la lengua el gato? O sabes más bien que no existe nada en todo el universo que pueda compensar lo que hiciste, hijo de puta. Que aunque te meas y te cagues voy a hacer que te pudras en esta silla y que nadie jamás pueda encontrar tu cuerpo. Sintió como su dedo acariciaba el gatillo, haciendo una leve presión.
El tipo en la silla sabía bien que fuese lo que fuese que saliera de su boca, serían sus últimas palabras. Podía sentir los movimientos de la mano del otro en la pistola. Sabía que ya tenía el dedo allí, en la curvatura precisa que lo hacía enfrentarse con la muerte.
- Perdóname.
Sonó en el vacío, hizo eco en las paredes. El otro no lo entendió.
- ¿Qué dijiste maricón?
-Perdóname.
Silencio.
- No.
Clic.
[Basado en mi pesadilla de anoche]
Alguien dijo una vez: una vez está bien... dos veces es para los tontos
He sido el policía bueno, el policía malo, el policía olvidadizo, el policía estúpido, el policía rudo. Ya no soy policía, ahora yo soy el ladrón.
Escúchame bien, ¿oíste?
El tipo en la silla se retorcía, el sudor caía por su frente en largas hileras. Sentía que la lengua se le iba a partir en dos por la presión de la mordaza. Un trozo de tela maloliente cuyo sabor le daba arcadas. Se había meado del susto causando la risa del otro, y de bonus le lanzó una bofetada.
Si te vuelvo a ver por aquí, vas a desear no haber nacido.
No. No quiso decir eso... era demasiado western, demasiado cursi como para ser tomado en serio.
Si no me dejas en paz, voy a sacarte la piel y usarla de felpudo.
No. Muy Hannibal Lecter.
Ya te lo advertí,, y sin embargo tú te crees el dueño del mundo. No eres nada más que un maldito imbécil egoísta, ¿no? Te dije que mantuvieras la distancia. Tú no eres ningún héroe. Los héroes no le temen a la oscuridad, ni se mean con una mordaza y un par de cachetadas. Tampoco se asustan frente al cañón tibio de una pistola descansando en la sien.
El tipo en la silla seguía retorciéndose, desesperado, frenético. Tenía la camisa mojada por el sudor y los pantalones manchados por la orina. Una rata cruzó en el fondo de la habitación de cemento. No había nada más en ella que no fuese un par de sillas y una mesita de café roída por los años. Se veía tan debilucha que no hubiese resistido ni una taza de café. No podía decirse a sí mismo donde estaba. Estaba completamente jodido y él lo sabía.
Vamos a jugar a la ruleta rusa. ¿Conoces ese juego verdad? Era el mismo que jugabas tú conmigo. Te encantaba ver mi cara mientras me apuntabas con tu Colt. ¿No eres tan rudo ahora verdad? No eres nadie.
Tiró del seguro y un clic metálico hizo que se le subiera la sangre a la cabeza. Estaba mareado, pero el odio acumulado año tras año podía más que el mismo incluso. Era como estar mirando una película de suspense desde fuera. Ya no podía echarse atrás. Ya había soportado demasiado abuso.
El tipo en la silla había logrado soltar la mordaza. El otro pensó que hablaría, que comenzaría a gritar, y no lo detuvo con la mano por miedo a que se la mordiera. Lo había visto defenderse con todo el cuerpo, utilizando hasta las uñas de los dedos de los pies. Tampoco lo tomaba por sentado. En vez de eso se quedó quieto, mirando hacia un lado con las ganas de verle la cara a su oponente, que todo este tiempo había estado hablándole a su espalda, oculto. Sentía la pistola en la sien y sabía que si no movía bien sus cartas lo iba a perder todo. Y ese todo era demasiado grande.
¿Vas a hablar?
Silencio.
¿Te comió la lengua el gato? O sabes más bien que no existe nada en todo el universo que pueda compensar lo que hiciste, hijo de puta. Que aunque te meas y te cagues voy a hacer que te pudras en esta silla y que nadie jamás pueda encontrar tu cuerpo. Sintió como su dedo acariciaba el gatillo, haciendo una leve presión.
El tipo en la silla sabía bien que fuese lo que fuese que saliera de su boca, serían sus últimas palabras. Podía sentir los movimientos de la mano del otro en la pistola. Sabía que ya tenía el dedo allí, en la curvatura precisa que lo hacía enfrentarse con la muerte.
- Perdóname.
Sonó en el vacío, hizo eco en las paredes. El otro no lo entendió.
- ¿Qué dijiste maricón?
-Perdóname.
Silencio.
- No.
Clic.
[Basado en mi pesadilla de anoche]
sábado, 7 de abril de 2012
Cuando tengo los pies helados, es porque es otoño.
Nunca se le ponen punto a los títulos, es lo primero que me digo.
Hace rato que no escribes en el blog, es lo que me ha dicho ella.
Groooooooargrgrgrgwhhh es lo que me dice mi estómago, con gases pujantes por salir que -por pudor- debo censurar.
Yo quiero escribir. Pero pasa tanto por mi cabeza que tengo problemas para darle lógica a la cosa. Me preocupa que pienses que si no escribo es porque algo pasa. La verdad es que cuando más una escribe es cuando peor está. Si no mira la evidencia y huele el café. ¿O era huele el café y mira la evidencia?
Quiero escribir sobre el baño, pero no en la parte escatológica sino en la otra parte. Cuando despierto, como me enrollo en tus brazos blancos y me dejo bañar de besitos pequeñitos en la cara y en el cuello. Y después, cuando ya te fuiste y dormí otra media hora abrazada a la almohada que has dejado de reemplazante, cuando entro al baño y parece como si te hubieses echado perfume allí hace cinco minutos. Es como que el aire tiene encerradas en sus partículas dejos de Amor Amor, Lady Million, Black XS, o que se yo cuál otro de los de Dior y otros como el de la estrellita que no tengo idea cómo se llama a pesar de que me lo has dicho muchas veces ya.
Cómo voy tejiendo mi vida alrededor de tus hilos. Cómo he cambiado y sigo siendo igual. Cómo te he empujado y sigues volviendo... sin importar que las ventanas estén abiertas, el aire del baño siempre huele a perfume de lunes a viernes cuando me levanto para ir a trabajar.
Y después salimos y vamos a ver Joven y Alocada, y me dan ganas de tener ese temple de acero de la protagonista. Esa actitud megaególatra de "realmenteloúnicoqueimportasoyyo"... porque yo se que soy ególatra. Pero MEGAególatra no. Aún no.
Y ayer se me ocurrieron los misterios misteriosos que no tienen respuesta, pero no los voy a poner aquí porque es muy nadaquever con mi microcuento del baño, del perfume flotante del amoug.
O tal vez lo estoy intentando demasiado. Si yo SE lo que quiero escribir y cómo lo haré pero necesito ese espacio para hacerlo, mi cuartopropio que le dice Woolf.
Todo a su tiempo, y mis patas, están congelás
domingo, 25 de marzo de 2012
Hasta el día de ayer, hubiese dicho que si me tocaba elegir hubiese elegido ser "normal". Heterosexual.
No es porque me de vergüenza, no es porque me odie. No era por nada más que por miedo... Una elección de evitar violencia, insulto gratuito, cotilleo de pasillo, difamación gratuita, etecé.
Pero hoy, digo que si me tocaba elegir, no cambio nada.
No viviré con miedo.
Stick and stones may brake my bones, but words will never hate me.
Pueden matar al soñador, pero jamás podrán matar el sueño.
viernes, 16 de marzo de 2012
The Kick
De tanto mirar al techo se le caen los párpados al suelo.
Arrastra las trenzas, ya ni se peina. Sólo va amarrando con las manos blancas, casi transparentes.
No tengo idea quién es.
Sólo la voy escribiendo.
Su cabeza está vacía. Sus hombros pesados, su columna levemente presionada por una mano invisible.
En las rodillas se ha escrito con un delineador negro "bueno" y "malo". Por instinto escribió "bueno" en la izquierda y "malo" en la derecha. Luego se rió porque el chiste no lo había hecho a propósito.
"Ironías de la vida" pensó.
Puedo hacer que salte, puedo hacer que corra, puedo hacer que haga todo lo que yo hice y lo que dejé de hacer. Puedo vivir en el eterno borrador... o atreverme a la mancha indeleble de una tinta puesta a modo de corrección.
Ni me atrevo a cambiar la canción por matar el mood.
Y ella mira a la pared y empieza a escarbarla con una cucharita de té, pensando que algún día llegará al otro lado. ¿Qué queda después de terminar etapas? ¿Después de atravesar paredes?
Pues contarlo.
sábado, 25 de febrero de 2012
Nightmare
Mi papá hoy día contó una anécdota sobre mi hermano y el tópico gay.
No se por qué, pero siempre que mi papá habla de "opción" sexual me arde un poco, pero de todas formas, prefiero que lo nombre así a que no lo nombre en absoluto... mal que mal, en este caso acepto que es sólo una elección de palabras y ya está. No le puedo pedir peras a ese olmo.
Benjamín siempre ha sido mi regalón. Amo a todos mis hermanos, pero a él lo cuidé desde pequeño y tengo el vínculo de hermana mayor que creo la Ro tiene conmigo. Es un lazo fuertísimo.
Comprenderán entonces por qué son las 3 de la mañana y no puedo dormir. Benjamín es homofóbico. Sus abuelos, testigos de jehová, le han enseñado que los homosexuales son seres asquerosos que hacen cosas asquerosas y que no son hijos de Dios.
Me alegró saber que ante el uso de la palabra "gay" como un insulto mi papá frenó a Benjamín y le dio una buena charla sobre lo discriminatorio del término y lo mal que él lo estaba empleando, dejándole en claro que por ser "gay" las personas no eran malas (Benjamín tiene 7 y un trastorno de lenguaje, uds. hagan las matemáticas...).
A Benjamín no le hemos dicho que yo soy homosexual porque soy el vínculo más cercano entre su casa y la de mi papá. Ahora que tienen custodia compartida es difícil que no le entreguen al Benja a mi papá... ¿pero me dejarán verlo a mi?
Me entran las ganas de sentarlo y contarle todo, en versión infantil, claro está. Porque igual entiende mucho para ser tan chico... maneja bien el tipo de situación difícil en la que vive, sus padres se odian, las familias se odian, y de alguna forma u otra en los primeros años de la separación de los papás de mi hermano fui yo el vínculo. Era sólo a mi a la que lo invitaban para los cumpleaños, y sólo a mi me dejaron entrar en la casa, al menos por el primer año o dos.
Es cierto, la última versión de Marcela, su madre, era una mujer cuyos amigos eran gay y no tenía ningún problema con eso... y de hecho eso estaría bien si estuviese siendo criado sólo por ella. Pero son los abuelos homofóbicos los que se hacen cargo.
Y tengo pesadillas en las que mi hermano está grande y me mira con esa cara de asco que hasta ahora he tenido la suerte de evitar, por parte de mi familia al menos. Tengo sueños retorcidos en los que me deshago haciéndole entender que soy igual que él, ni más ni menos humana, y que lo amo por sobre todas las cosas, independiente de con quién quiera compartir mi vida.
Sólo espero que algún día pueda leer esto y mirarme sin odio en sus ojitos verdes, y que me sonría con sus margaritas y me abrace como cuando era chiquito y lo hacía dormir al ritmo de Bob Marley. Sólo espero que no me odie.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Me da rabia no saber usar Mac. Y haber tenido que hacer peripecias para subir una foto y ahora no poder hacerlo.
Y también me dan rabia otras cosas de las que no puedo hablar...
Y me da más rabia no poder hablar de las cosas...
Pero sobre todo y más que nada, me da rabia no poder dormir. Porque si no duermo me pongo como ameba, y siento que el cuerpo está raro aquí en Arica, y como poco porque me no me da hambre, y no me da hambre porque no he salido, y no he salido porque mis amigos ya no son los mismos de siempre, excepto una que es la que a ti menos te gusta.
Así que diré "bueno" y cerraré los ojos y pensaré que en verdad el caos es más grande en mi cabeza que en la realidad.
I said GOOD DAY.
[si, estoy enojada y si, se me va a pasar y probablemente me arrepienta de haber subido esto, pero soy estúpida y compulsiva]
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