jueves, 18 de agosto de 2016

What the fuck was I thinking?

Quisiera dejar de amarla por un par de meses. Odiarla incluso. ¿Por qué mierda me tuve que enamorar de un imposible?
¿Cómo mierda dejo de sentirme como el pico porque hay 7 horas de distancia entre ella y yo?

What the fuck was I thinking

miércoles, 13 de julio de 2016

In the back seat of the car. Again...

Anoche me fui a la chucha. Así, simple. Corta.

Según yo, no estaba reprimiendo nada. Según yo, tenía las cosas más o menos controladas. Según yo, todo iba a estar bien y las horas de los días no se me iban a hacer confusas...

Pero la realidad es otra. Y nuevamente me fui a la chucha por no saber hablar, por no saber pedir ayuda, porque me dio vergüenza decirle "oye, me siento como el pico, porfa abrázame".

En cambio, decidí convertirme en una weá que odio: una weona insegura que espera que la otra le lea el pensamiento.

Así es... decir que "pinté el mono" sería una weá mínima: te hice una Capilla Sixtina, una obra de arte, un monumento al aweonamiento, una estatua a la incomunicación y a la weá pasivo-agresiva. Casi me da un poco de pena porque la otra, claramente, no entendía qué chucha estaba pasando y yo tampoco sabía cómo chucha explicarlo.

Y de pronto la conversación pasó de "tú no me tratas como yo lo esperaba" a "mierda, tiene razón, ¿por qué si necesito algo no lo digo? ¿por qué si no me gusta algo no lo digo? ¿por qué tengo pánico a ser directa, a demandar, a conquistar este territorio que ya se ha proclamado mío?" Aj, no se cuál es mi problema. No es como que la hueona sea una completa extraña. O sea, sí, es cierto, ella tiene más soltura de pluma que yo cuando se trata de escribir nuestra relación, pero eso debería darme pie a mi para soltarme las trenzas.

Estoy en Alemania, por la mierda. Debería estar bailando bajo la lluvia, tomando solcito en el pasto, sacando fotos, tomando chela y visitando cada calle de esta ciudad. Pero no, heme aquí, escribiendo en un blog culiao fome porque ayer la cagué grande.

¿A qué chucha le tengo miedo? (ya he dicho chucha 6 veces con esta, no lo siento).
Sólo podía recordar cuando estaba con la Maca y me senté en la parte de atrás del auto, casi como para no molestar, porque mi autoestima estaba tan hecha concha que no me sentía merecedora de ningún título... casi como diciendo "oye, tírenme a esa esquina, empujen ese trozo de hielo y esta abuela esquimal se va a morir cagada de frío sin joderle la pita a nadie".

¿Por qué me da paja "molestar" a mis parejas, pero no tengo problemas para mandarle WhatsApps a mi ex?

¿Cuál es mi puto problema, por el amor de Alá?

Y pa' más recacha, obviamente me entró la pena por la Patria y los amigos y me hice una bola llorando y con el nudo en la garganta tuve que pedir un abrazo (que obviamente se me entregó) y cuando me preguntaba "what's wrong? what's wrong?" lo único que atiné fue a decirle:

- I think I am crying all that I didn't cry when I was in Chile.

Ahora sigo sin tener un plan. Solo se que no quiero volver atrás. No me interesa la actitud de víctima, de hueona pasiva, de mina-llavero (dícese de la loca buena onda que te acompaña a todas partes y cuelga de ti, como un lindo adorno)... No quiero volver a sentarme en el asiento de atrás, ni cagando. No quiero volver a sentirme así, impotente, torpe... A veces por evitar ser vulnerable dejo la zorra. Y entonces no solo soy vulnerable sino que, precisamente, desato lo que quería evitar y me convierto en un dolor de cabeza.

No me voy a hacer promesas de que esta weá no va a volver a pasar. Al menos ya se identificarlo más rápido... Solo se que tengo que dejar de andar con la cola entre las piernas. No me sirve a mi y no le sirve a ella y puta, pa' qué vine entonces, ¿no?

martes, 5 de julio de 2016

¿Qué vas a hacer hoy?

Nunca le había tomado el peso real a esta pregunta.

¿Cómo medimos el tiempo que tenemos adelante? ¿Cómo hacer que cada momento sea valioso? ¿Cómo combatir el peligro de desperdiciar la vida entre series de Netflix y corrientes de la conciencia? ¿Leer ahora o después?

Sigo en la sala de espera. Sin saber muy bien cómo lidiar con este paréntesis.

Estoy aquí para amarla, para aprender alemán, para trabajar y estudiar un poquito, para comenzar con mi curso de inglés, para recorrer la ciudad, para hacer nuevos amigos, para cocinar, ducharme y hacer ejercicio, para viajar a ver a Valentín, para ¿qué?

Soy una turista pero no lo soy... ¿saldrá más fácil si me comporto como una y me dedico a tomar fotografías de patitos flotando en el Rhein?

Cada día conozco a alguien nuevo. Y aún así siento que no conozco a nadie. No hay conexiones reales, es pura superficie. Tal vez eso es para mejor... los amigos "de adeveras" deberían hacerse con un poquito más de esfuerzo, ¿o?

Todo parece igual de relevante. Incluso mis pataletas que no son tales ¿O si lo son? ¿Estuve en lo correcto en decirle lo que le dije? ¿Por qué me preocupa tanto que piense que estoy loca? ¿Cómo mierda ordeno todo lo que tengo acá dentro?

Necesito hacer un mapa conceptual de mis sentimientos. En la cabeza iría la mía y de cada brazo una actividad, con su respectiva solución. ¡Hagamos un calendario que no pienso seguir! A veces poner todo en papel ayuda a visualizar, como si estuviese en la parte más alta de una escalera, mirando hacia abajo todos mis "problemas".

De vuelta al mapa. A dibujar, trazar, borronear. Despertarse y volver a repetir el ciclo.

No tengo puta idea de nada. Me está empezando a fastidiar...

miércoles, 22 de junio de 2016

Diario de una inmigrante

Ya estoy aquí.

No entiendo nada de lo que dice la gente. Por más que haya estudiado un par de palabras antes, siento que la imposibilidad de comunicarme es real y me exaspera no poder hablar. 

Venirme a Alemania es como estar en un retiro de silencio perpetuo. Nada que decir, nada que opinar más allá de "si", "no", "gracias", "una cerveza" y "estoy satisfecha". 

Es importante luchar contra el monstruo que habita dentro de uno mismo. Ese pollo interior que tengo que me dice que no me la voy a poder con el idioma, con las lucas, con la distancia, con esta incompatibilidad cultural. Porque sigo cometiendo el mismo error, que es intentar replicar en mi presente lo que tuve en el pasado. 

Acá no está mi familia. Aquí no tengo amigos. Y eso está bien: puedo crear mi propia familia y hacer nuevos amigos, además de reconectar con un par de los que andan dando vueltas en este añejo continente. Y supongo que, eventual y gradualmente, empezaré a hacer una rutina y una vida aquí también. 

Aún no ha pasado ni una semana. Es muy probable que me esté exigiendo demasiado: cómo voy a poder comunicarme eficientemente si no practico, si no me expongo al ridículo y a los idiotas que, lamentablemente, existen en todo el globo. 

Al menos ayer entendí un chiste. Una chica del trabajo de la alemana quería un trago sin alcohol y llevaba pidiendo Coca-Cola todo el rato. El otro chico le dijo "pídete un Cuba Libre sin alcohol", a lo que ella respondió "no se... no me gusta el sabor del Cuba Libre". Tarán.

Luego, al bar donde estábamos viendo el partido llegó un alemán con lo que -creo- eran tres filipinas. El espectáculo era cómico porque parecían su harem exótico y, además, su tono de voz era muy alto y nasal, lo que convertía todo el asunto en un espectáculo de patos. 
Y pensé, "tal vez cuando la gente me ve con Nucki piensan que yo soy su harem exótico. Una mina que se agarró en el extranjero y que se trajo, como si se tratara de una venérea..."

Acá tengo que decir que soy chilena, que soy latina, que "somos así". Cuando me preguntan por mi cultura no se si ofenderme, defenderla o simplemente encogerme de hombros, porque las preguntas nunca son hechas con mala intención, pero la pared se siente muy real.

Además, no puedo sacarme la cara de mierda del guardia español cuando me recibió en la frontera. Me hizo sudar, me hizo sentir como una hueona pobre que venía a succionar la sangre de un continente rancio que se ha mantenido vigente gracias a la explotación de países como el mío. ¿Y qué si me viniese a vivir aquí? 

Me pregunto cómo me recibirán en Norteamérica. Al menos allá comparto el idioma, así que si me joden otra vez podré perder la paciencia con una respuesta sólida como "Yoh' mamma'". 

Es muy pronto para saber cómo me siento. Solo se que tengo que recordarme cada mañana que esto es temporal. La mera idea de quedarme atrapada aquí sin saber hablar me hace sentir como una ratita en un laboratorio. 

Laura hat keine Anung (Laura no tiene idea)

jueves, 9 de junio de 2016

¿Por qué estás estresada?

Hoy día me calaron con esa pregunta.

En teoría, no tengo tantas preocupaciones. En la práctica soy un ovillo de emociones.
Inmediatamente, el reflejo es irse a enumerar una catralá (como decían las señoras) de problemas prácticos: las lucas escasas, el seguro de salú, el de cesantía, la cacha e' la espá y la pata e' la guagua (como dice mi madre).

Pero no se como explicarlo.

Imagínate que un día te dicen - ejemplo extremo - que te queda un mes de vida. ¿Qué harías?

Así me siento yo. Me quedan 7 días de vida en Chile. Cuando me vaya nadie va a decir "hueón", "mierda" o "puta la weá". Ese va a ser mi idioma, mis códigos... No va a hacer más piscolas ni olor a empanadas (aunque ese último no me vuelve loca). No van a haber más personas diciendo "conchetumadre" ni más brazos conocidos en los que me pueda esconder. No van a haber más llamadas perdidas ni mensajes secretos ni chistes compartidos.

Toda, toda mi vida se va a convertir en una etapa. En un recuerdo que dejo atrás.

Sí, si se que me voy a una aventura emocionante, a algo mejor. No estoy siendo malagradecida de la vida ni mucho menos. Pero tampoco quiero quitarle peso a algo que tiene el de un cachalote.

Esto es lejos una de las experiencias más aplastantes que he tenido en la vida. Nunca me he ido "para siempre" a un lugar donde no conozco a nadie, donde nadie habla mi idioma. Y por un lado eso es lo hermoso y por otro es lo terrible y desconocido.

Hay belleza en un breakdown. Este es el mío. Me estoy derritiendo. Capitán, el barco hace agua, se inunda por todos lados y yo lo que intento es transformarlo como puedo en un submarino y dejar que los violinistas de la cubierta tengan su concierto final a punta de abrazos, almuerzos improvisados y reuniones de dos horas con amigos y parientes.

No puedo más. No doy a basto con tanta sensación de fuga. Me estoy deshaciendo y volviendo a hacer en cada minuto. Entendiendo que no desaparezco pero ya no se quién chucha soy, entre tanto pasaje, pasaporte, timbre y papel.

Darse un respiro, hacerse un té o un café y pensar qué hacer el resto del día se han convertido en tareas titánicas para seres humanos cuya proyección a futuro incluye solo el aquí y el ahora. Pero yo no tengo ese lujo del presente.

Vivo hace un mes en una sala de espera, donde los compromisos son tambaleantes y factibles sólo a futuro. Intentaré no morir, de verdá que sí, pero es difícil hacer cualquier tipo de promesa.

Ya, eso sonó a suicidio. Pero es que sí, tal vez en parte lo sea. Los meses de vida, los minutos de vida, las horas de vida se tantean con firmeza y no se cómo ser productiva sin hacer demasiado, sin adelantarme mucho, acomodándome al paso de este reloj cuyo tic-tac nunca voy a agarrar al ritmo adecuado.

¿Qué harías tú? En serio, ¿qué harías?

Agarrar una revista y un lugar cómodo para esperar. Sacar la canción de oído e ir tanteando, ya, claro, eso lo hacemos todos. Pero lo que nadie te dice es que en ese "dejar hacer" relajado, en ese "dejar pasar" pachamámico hay que lidiar con todo lo que se lleva a cuestas, los asuntos sin resolver, las palabras sin decir, los miedos que no puedo verbalizar porque apenas se asoman por la punta de mi lengua alguien intenta taparlos. "Sh, sh, sh, tú te vas con una beca, tranquila, todo va a estar bien."

No es derecho a pataleo lo que quiero. Es derecho a pánico. Por eso tengo estrés, por eso me he comido mi peso en un mes, por eso he engordado y tomado y fumado como si no hubiese un mañana. Porque el 17 a las 12 del día mi vida va a cambiar, me guste o no, y en parte hubiese preferido no saberlo, pero es que ya se que no hay otra forma de hacer las cosas y qué fácil sería si alguien empacara todo por mi y me dijera "tú tranqui, duerme hasta el viernes y yo hago todo por ti".

Pero no, tampoooco es así. Y aquí estoy, escuchando a la puta Adele cantar sus canciones tristes en Deezer (porque nunca supe usar Spotify ni me interesa aprender a hacerlo). Con una pata en el futuro y otra en el pasado. Vivir así, aunque sea por poquito, aunque ya estés a punto y no falte nada más que una vuelta de esquina, es más estresante que la chucha.

Y tengo derecho. Todo el derecho, a tener un meltdown.

lunes, 30 de mayo de 2016

One time

Una vez, cuando la diferencia horaria no era tan grande, existió una conversación entre la susodicha y yo por el medio de comunicación virtual rutinario.

Era de noche y yo venía de tomar en un bar o de jugar a la pelota, para ser honesta no me acuerdo. Solo se que ella me mandó unos audios y me dijo: "Esta canción está en kölsch [un dialecto] y ni siquiera los alemanes entienden lo que dice... Si tú la puedes traducir, entonces yo me casaría contigo" (el original está en inglés y me da paja traducir pero, filo, esta es la síntesis).

Ni siquiera sabía el nombre de la canción o de la banda. Tampoco entendía un carajo en qué idioma estaba la letra. Mas, llegué rauda a mi pieza y busqué una página web donde bastaban unos 5 segundos del sonido para que me dijese que era Et jitt kei wood de Cat Ballou.

Para mi suerte -y asumo su infortunio- había una página que traducía la letra del kölsch al alemán. A la mañana siguiente la pobre tenía tapizado el correo con la traducción. Yo me había ganado (aunque no muy noblemente) el derecho a pedir su mano.

¿Por qué estoy recordando esto hoy? Ni pinche idea. Sólo quería dejarlo registrado, supongo, porque ha estado sumergida en una bruma estudiantil que ha hecho que nuestra conversación más larga del mes no sobrepase los 60 minutos.

Por un lado pienso que mejor acostumbrarse a la soledad desde ahora, que qué mejor instancia para conocerse a una misma y enfrentarse a sus propios miedos y todas esas cacas de libros de autoayuda donde te dicen que una no necesita de otro para ser feliz. Por otro lado, ya sé, ya sé, Laura corta el hueveo, deja de pensar, etecé. Pero es difícil vivir en mi cabeza, no dejarme llevar por las ideas...

Supongo que cada cierto tiempo es bueno hacer el chequeo de por qué me estoy metiendo en esta tole tole emocional. Recordar que el amor tiene chorrocientas mil maneras y formas de vivirse y, en cierta forma, siento que esta es la mejor para mí.

Además, Cat Ballou tiene razón cuando dice et jitt kei Wood, dat sage künnt, wat ich föhl...

Si quieren saber qué significa, pos ya saben qué hacer. Pero no se si puedan/quieran casarse conmigo sosí... Mamma is a big pile of hot mess...

jueves, 19 de mayo de 2016

She says

A veces no la entiendo. Y a veces es como si fuésemos la misma persona.

 - I don't wan't to lose you. - she says.

Mi primera reacción es consolarla. Decirle que no controlamos nada pero que no por eso vamos a dejar de vivir, pero en secreto, bien adentro, quiero decirle:

- Nobody can lose me, because I belong to no one.

Pero para qué, si se sabe que me tiene en la palma de la mano. Aj, crap. Me choca la puta vulnerabilidad. La odio. No se qué hacer con ello y sale mi Chandler interior y solo quiero hacer bromas incómodas porque en realidá no puedo prometerle que no me voy a morir, que mi avión no va a explotar, que ISIS no va a reventar la termonuclear en Alemania o que simplemente nunca nada nos pasará porque sí, es probable que nos pase, porque chucha, así es la vida, no queda de otra, lo siento flaca, no tengo respuestas sólo manos en los bolsillos.

Perdón por la corriente de la conciencia. Pero nadie lee esta hueá a no ser que uno se esté desangrando.