Aún no sé qué hice para merecer a alguien como tú.
Caíste del cielo.
Admítelo, eres una estrella perdida en un mar de soldaditos de plomo.
Y yo no soy capaz de sacarte a flote, pero juro que lo intento.
Y creo que jamás dejaré de intentarlo.
Quiero nadar en aquel mar de serpentinas rosadas contigo, y que tu reloj deje de hacer "tic tac" tan fuerte que hasta en el cine me perseguía su segundero. Quiero que nos riamos de nuevo, aunque esta vez prefiero no caerme. Quiero verte feliz, saber que nos volveremos a ver.
Quiero que construyas tu propia vida, y me dejes ser parte de ella, así como yo te abro las puertas a mi pequeño y poco convencional mundo.
Quiero cantar canciones cursis contigo, y taparte la boca porque dices idioteces en la calle.
Quiero dejar de querer, y dejar que las cosas fluyan y tomen su ritmo.
Quiero dejar de necesitarte, y amanecer un día contigo sabiendo que no tienes que irte nunca más de mi lado... esa es la máxima utopía.
Quiero que seas independiente, pero que aún me digas que me extrañas, y preguntarte cuándo nos volvemos a ver. La respuesta siempre será "pronto".
Pero no puede ser ahora, aún hay agua que necesita pasar por debajo del puente.
Si pude resistir una vez la corriente, ahora siento que podemos con todo. Tal vez peco de soberbia, pero se que no somos como el resto, y eso me da una sensación de seguridad horrible, simplemente no nos imagino lejos la una de la otra. No por un buen tiempo.
I would lay with you, in the surface of the moon, counting stars, looking down on the earth, untill my bones become dust. For sure.
lunes, 12 de enero de 2009
viernes, 9 de enero de 2009
hard to put a name
Tengo siete minutos y medio para decirte todo.
Había una vez una canción que flotaba entre el hemisferio izquierdo y el derecho. Tenía piano, violines y en el video salía una linda chica.
Había una vez una canción que hacía que el lagrimal izquierdo le ganara al derecho en comenzar a expeler.
Había una vez un cuento que no pude terminar de escribir jamás porque aún no me convenzo de si colocarle que vivieron felices o que la bruja se comió a la chica linda del video.
Te encerraron, no es mentira.
Nos dolió, no es mentira.
Te amamos, no es mentira.
Te odiamos, no es mentira.
Te abrazamos, no es mentira... Dime que no es mentira.
Dime que puedo soñar que mañana aún podré tocar tu mano. Dime que mañana y sólo mañana podré entralazar tus dedos con los míos, dime que mañana y sólo mañana contarás las estrellitas de la caja. Sólo mañana. Nunca hoy. Nunca ayer.
Había una vez dos lágrimas que competían por ver quien llegaba en primer lugar a mis orejas. No puedo dejar de mirar la mancha en el techo, creo que fue el fin de una polilla apocalíptica que podía predecir el futuro y tal vez lo vio tan negro que decidió suicidarse.
O tal vez la mancha siempre estuvo ahí.
Habia una vez un tú y un yo y un había, ya no puedo escribir más cuentos. Todo se ha vuelto demasiado impredecible, demasiado emotivo, demasiado espontáneo. Y lo peor de todo es que me agrada.
Me pasé de los siete minutos y medio. Y creo que no entenderás nada, porque siempre que quiero decirtelo todo termino balbuceando insensateces.
Cierra los ojos para leer este.
Y mañana cuando me veas me dices "Había una vez..." y no termines jamás la historia.
No quiero saber el final.
Había una vez una canción que flotaba entre el hemisferio izquierdo y el derecho. Tenía piano, violines y en el video salía una linda chica.
Había una vez una canción que hacía que el lagrimal izquierdo le ganara al derecho en comenzar a expeler.
Había una vez un cuento que no pude terminar de escribir jamás porque aún no me convenzo de si colocarle que vivieron felices o que la bruja se comió a la chica linda del video.
Te encerraron, no es mentira.
Nos dolió, no es mentira.
Te amamos, no es mentira.
Te odiamos, no es mentira.
Te abrazamos, no es mentira... Dime que no es mentira.
Dime que puedo soñar que mañana aún podré tocar tu mano. Dime que mañana y sólo mañana podré entralazar tus dedos con los míos, dime que mañana y sólo mañana contarás las estrellitas de la caja. Sólo mañana. Nunca hoy. Nunca ayer.
Había una vez dos lágrimas que competían por ver quien llegaba en primer lugar a mis orejas. No puedo dejar de mirar la mancha en el techo, creo que fue el fin de una polilla apocalíptica que podía predecir el futuro y tal vez lo vio tan negro que decidió suicidarse.
O tal vez la mancha siempre estuvo ahí.
Habia una vez un tú y un yo y un había, ya no puedo escribir más cuentos. Todo se ha vuelto demasiado impredecible, demasiado emotivo, demasiado espontáneo. Y lo peor de todo es que me agrada.
Me pasé de los siete minutos y medio. Y creo que no entenderás nada, porque siempre que quiero decirtelo todo termino balbuceando insensateces.
Cierra los ojos para leer este.
Y mañana cuando me veas me dices "Había una vez..." y no termines jamás la historia.
No quiero saber el final.
sábado, 3 de enero de 2009
nada surf
El calor es el peor enemigo de mi cuerpo.
Descubrí que si me paseo sólo con ropa interior por el departamento, la vida es más agradable.
No he salido en todo el día. ¿Para qué?
Es mejor estar tendida mirando el techo, con el mp4 incrustado en los oídos, pensando que no he escrito en el diario desde el año pasado. Hasta para tomar el lápiz me faltan los ánimos.
El reproductor vive en shuffle, y aún así no logro escuchar ninguna canción por más de un minuto antes de aburrirme y volverla a cambiar.
Tengo que hacer mil cosas, pero el calor me aplasta, y no me quiero mover más de la cuenta. Menos movimiento, menos calor.
Tuve un sueño raro anoche. Estábamos en una suerte de playa, mi tío trataba de usar su notebook en la orilla y las olas le mojaban el cargador, yo tenía puesto traje de surfer porque íbamos a hacer body board con mis primos y mis amigos. Y tú también estabas. Pero justo cuando me iba a meter bajo la ola roja y azul, porque la playa era en tonos oscuros, como si fuese un mar de vino, me despertaron las tres marías.
Son las picadas de pulga que me hice en el pie para año nuevo.
Pulgas estúpidas.
Ojalá me saquen toda la sangre y así deje de sentir que me hierve por dentro y que muero de calor.
Viviría en la tina, llena de agua helada... :)
No quiero saber cuántos grados hacen, aunque estoy segura que me meteré sólo para saberlo, y para leer el horóscopo. Me gusta creer en algo. Aunque el calor me tenga aplastada hasta la más ínfima neurona.
Descubrí que si me paseo sólo con ropa interior por el departamento, la vida es más agradable.
No he salido en todo el día. ¿Para qué?
Es mejor estar tendida mirando el techo, con el mp4 incrustado en los oídos, pensando que no he escrito en el diario desde el año pasado. Hasta para tomar el lápiz me faltan los ánimos.
El reproductor vive en shuffle, y aún así no logro escuchar ninguna canción por más de un minuto antes de aburrirme y volverla a cambiar.
Tengo que hacer mil cosas, pero el calor me aplasta, y no me quiero mover más de la cuenta. Menos movimiento, menos calor.
Tuve un sueño raro anoche. Estábamos en una suerte de playa, mi tío trataba de usar su notebook en la orilla y las olas le mojaban el cargador, yo tenía puesto traje de surfer porque íbamos a hacer body board con mis primos y mis amigos. Y tú también estabas. Pero justo cuando me iba a meter bajo la ola roja y azul, porque la playa era en tonos oscuros, como si fuese un mar de vino, me despertaron las tres marías.
Son las picadas de pulga que me hice en el pie para año nuevo.
Pulgas estúpidas.
Ojalá me saquen toda la sangre y así deje de sentir que me hierve por dentro y que muero de calor.
Viviría en la tina, llena de agua helada... :)
No quiero saber cuántos grados hacen, aunque estoy segura que me meteré sólo para saberlo, y para leer el horóscopo. Me gusta creer en algo. Aunque el calor me tenga aplastada hasta la más ínfima neurona.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
hello 2009
The Spinto Band - Oh Mandy
Gracias :) porque sin tí este año habría sido una real mierda.
Te año. Ememente añada.
Sumamente añada.
Te año como jamás he añado a nadie.
Y ya no me da vergüenza ser cursi. Quiero que sepas que te año demasiado, así como en exceso.
El exceso de la añación, y hoy me vale pico ser excesiva. Realmente te año.
Mini Freud, quiero compartir todo el 2009 contigo. ¿Te atreves?
¿Añémonos?
Gracias :) porque sin tí este año habría sido una real mierda.
Te año. Ememente añada.
Sumamente añada.
Te año como jamás he añado a nadie.
Y ya no me da vergüenza ser cursi. Quiero que sepas que te año demasiado, así como en exceso.
El exceso de la añación, y hoy me vale pico ser excesiva. Realmente te año.
Mini Freud, quiero compartir todo el 2009 contigo. ¿Te atreves?
¿Añémonos?
domingo, 28 de diciembre de 2008
I need, you need, we all need.
Señorita:
Yo, la necesito.
La necesito conmigo. Y es por eso que nos cuido tanto, para poder tenerla aquí conmigo. Una vez tú escribiste - en el cuaderno - que no valía la pena arruinarlo todo por tres segundos de felicidad... (algo parecido, tú eres la de la memoria).
Paciencia.
Yo, la necesito como se necesita al aire.
Pero no podemos empezar a caminar si estamos gateando, pero ojo, estamos gateando juntas. No tropiezes queriendo correr cuando sabes que es imposible y que puedes arriesgarnos nuevamente al derrumbe.
Señorita, yo la amo, más de lo que me imaginé jamás. Yo la necesito, y quiero estar con Ud. viendo tele, o compartiendo un amanecer, un atardecer y un anochecer, Ud. escoja. O inclusive todos juntos.
¿Se acuerda de cuando estábamos mirándonos las pupilas en posición horizontal, y yo dije que podría estar así para siempre? Bueno, por qué no soñar un poco que tenemos tiempo, porque nuestra relación no quiero que caduque. No se va a vencer si no dejamos que eso pase.
Volver a empezar es tomarse el tiempo y prevenir el daño. Prevenir. No esperar a que suceda y curar. Porque las cicatrices pueden volver a abrirse, igual de fácil como la primera vez.
Con eso en nuestras cabezas, como peso de plomo que nos afirme a la tierra, podemos volver a empezar, con cuidado.
No es que no te necesite, porque sería mentira, es que te necesito tanto, que te sobreprotejo a veces. Mea culpa, lo sé. También debo trabajar eso.
Pero me gusta que me lo diga, que sepa que Ud. es impulsiva y que trabajará para controlar sus impulsos. Tampoco la idea es convertirla en una momia fría y racional. Es saber encontrar el equilibrio, la medida justa, el tiempo que me da y el tiempo que le doy, y el tiempo que le damos a los demás. En igual medida.
Mi ofrenda está hecha: una semana, para Ud. Demuéstreme que no son las fechas, que el que no nos veamos un día sólo significa que nos veremos al siguiente o al subsiguiente. Demuéstreme que Ud. realmente cree que tenemos tiempo.
Y yo le demuestro que la necesito, porque simplemente ya no me imagino mi vida sin la de Ud. alrededor.
Así de simple.
Yo, la necesito.
La necesito conmigo. Y es por eso que nos cuido tanto, para poder tenerla aquí conmigo. Una vez tú escribiste - en el cuaderno - que no valía la pena arruinarlo todo por tres segundos de felicidad... (algo parecido, tú eres la de la memoria).
Paciencia.
Yo, la necesito como se necesita al aire.
Pero no podemos empezar a caminar si estamos gateando, pero ojo, estamos gateando juntas. No tropiezes queriendo correr cuando sabes que es imposible y que puedes arriesgarnos nuevamente al derrumbe.
Señorita, yo la amo, más de lo que me imaginé jamás. Yo la necesito, y quiero estar con Ud. viendo tele, o compartiendo un amanecer, un atardecer y un anochecer, Ud. escoja. O inclusive todos juntos.
¿Se acuerda de cuando estábamos mirándonos las pupilas en posición horizontal, y yo dije que podría estar así para siempre? Bueno, por qué no soñar un poco que tenemos tiempo, porque nuestra relación no quiero que caduque. No se va a vencer si no dejamos que eso pase.
Volver a empezar es tomarse el tiempo y prevenir el daño. Prevenir. No esperar a que suceda y curar. Porque las cicatrices pueden volver a abrirse, igual de fácil como la primera vez.
Con eso en nuestras cabezas, como peso de plomo que nos afirme a la tierra, podemos volver a empezar, con cuidado.
No es que no te necesite, porque sería mentira, es que te necesito tanto, que te sobreprotejo a veces. Mea culpa, lo sé. También debo trabajar eso.
Pero me gusta que me lo diga, que sepa que Ud. es impulsiva y que trabajará para controlar sus impulsos. Tampoco la idea es convertirla en una momia fría y racional. Es saber encontrar el equilibrio, la medida justa, el tiempo que me da y el tiempo que le doy, y el tiempo que le damos a los demás. En igual medida.
Mi ofrenda está hecha: una semana, para Ud. Demuéstreme que no son las fechas, que el que no nos veamos un día sólo significa que nos veremos al siguiente o al subsiguiente. Demuéstreme que Ud. realmente cree que tenemos tiempo.
Y yo le demuestro que la necesito, porque simplemente ya no me imagino mi vida sin la de Ud. alrededor.
Así de simple.
viernes, 26 de diciembre de 2008
neblina
Recuerdo un día que fui a beber con Manu a un pub en Nantes.
Esa noche estaba llena de neblina, las callejuelas se veían tétricas, no tenían pastelones grandes de cemento, sino adoquines. Más tétrico, imposible.
Agréguese a la escena vapores salidos de las calefacciones varias, y una figura baja y delgada enfundada en un abrigo que no le sienta nada bien, cuyas suelas son el único sonido que llena los espacios de la calle.
En ese tiempo tú no me gustabas.
En ese tiempo a mí me gustaba la otra.
Errare humanum est.
Tal vez tú eras la otra... quién lo sabe.
Me daba miedo caminar por la plaza, el sonido de la propaganda que se cambiaba en aquel letrero gigante promocionando alguna porquería de algún supermercado rodaba y me ponía los pelos de punta. La luna se veía como una luz difuminada.
Yo le hablaba a la Luna. Es la única que siempre me ha escuchado.
Yo le pedía llegar bien a casa, sin asaltos ni violaciones, sin caerme ni tropezar con nada, o resbalar en el suelo que crujía porque se estaba congelando.
El cabello se me estaba mojando, la neblina era demasiado espesa.
Y yo conversaba con la luna, pero a mí me gustaba la otra.
Le pedía poder llegar, para volver a Chile, para verla.
Pero no sabía si tú eras la otra. La otra que a mí me gustaba.
Le pedía poder verte, le pedía poder llegar bien, le pedía la raíz cuadrada de pi y un arcoiris por la mañana.
La neblina sirvió para llegar rápido a casa y no me pasó nada más que humedecerme en demasía. Las botas quedaron en una esquina. Prendí el pecé. Ahí estabas.
Tú, que no eras la otra que a mí me gustaba. Tú que eres la otra que yo quiero.
Esa noche estaba llena de neblina, las callejuelas se veían tétricas, no tenían pastelones grandes de cemento, sino adoquines. Más tétrico, imposible.
Agréguese a la escena vapores salidos de las calefacciones varias, y una figura baja y delgada enfundada en un abrigo que no le sienta nada bien, cuyas suelas son el único sonido que llena los espacios de la calle.
En ese tiempo tú no me gustabas.
En ese tiempo a mí me gustaba la otra.
Errare humanum est.
Tal vez tú eras la otra... quién lo sabe.
Me daba miedo caminar por la plaza, el sonido de la propaganda que se cambiaba en aquel letrero gigante promocionando alguna porquería de algún supermercado rodaba y me ponía los pelos de punta. La luna se veía como una luz difuminada.
Yo le hablaba a la Luna. Es la única que siempre me ha escuchado.
Yo le pedía llegar bien a casa, sin asaltos ni violaciones, sin caerme ni tropezar con nada, o resbalar en el suelo que crujía porque se estaba congelando.
El cabello se me estaba mojando, la neblina era demasiado espesa.
Y yo conversaba con la luna, pero a mí me gustaba la otra.
Le pedía poder llegar, para volver a Chile, para verla.
Pero no sabía si tú eras la otra. La otra que a mí me gustaba.
Le pedía poder verte, le pedía poder llegar bien, le pedía la raíz cuadrada de pi y un arcoiris por la mañana.
La neblina sirvió para llegar rápido a casa y no me pasó nada más que humedecerme en demasía. Las botas quedaron en una esquina. Prendí el pecé. Ahí estabas.
Tú, que no eras la otra que a mí me gustaba. Tú que eres la otra que yo quiero.
martes, 23 de diciembre de 2008
in the middle
La vida es como los balancines: cuando una parte baja, la otra sube.
Es como las ruedas de la fortuna, como las cajas de bombones (a lo Forest Gump), como las montañas rusas... la vida es como la vida.
Jueves y Viernes fueron dos días complejos, emocionalmente perturbados por no sé qué onda hormonal/emocional mezclada con reflexiones bastante estúpidas. Fue por eso, y porque extrañaba a mis amigas, por lo que decidí marcharme de Santiago... necesitaba pensar con claridad, dibujarme el mapa en el mate.
Encontrar el medio es lo que he tratado de hacer desde que tengo uso de razón: ni mucho ni poco, ni altos ni bajos, ni hombre ni mujer... ni hetero ni lesbiana...
Hay asuntos para los cuales no es difícil encontrar el balance, pero hay otros, que son un pelín más complicados. Y por pelín me refiero a la peluca entera.
Yo tenía un miedo, una paranoia, un pánico: perderte. Hay mil maneras de perder a una persona, la comunicación desaparece, la relación se vuelve monótona, alguien coge un avión y dice "Volveré..." para no aparecer nunca más dejando un llamado telefónico de constatación... etcétera. Yo te perdía por acción de terceros.
Sin mencionar que dichos terceros me ofrecían una linda estadía en la tierra de los Denunciados por Estupro, gente a la cual se le dificulta volver a armar la vida.
Para tí no fue un paseo por los Campos Eliseos precisamente, como bien repites siempre: la nuca y la espalda son las facciones que reconoces inmediatamente en tu familia...
Diría que te entiendo... pero mentiría, sólo me aproximo a tu dolor por lo que tú compartes conmigo. Son dos tipos de dolor, dos amenazas, dos emociones diferentes. Tú sabías de buena fuente cómo se sentía tu familia mientras que yo me devoraba las uñas basándome en especulaciones que llegaban al borde de lo atroz. Especular, contestar el teléfono con los dientes apretados, incluso agresivamente, tomar clorfenaminas, estrujar la almohada de tanto llorar. Esa fue mi tajada de la torta... Por favor no pienses que te culpo, tú no hiciste esas llamadas ni me apuntaste con el dedo, y volvería a pasar por lo mismo sólo para poder estar contigo. Te prometí que no te dejaría sola... y creo que he cumplido pobremente la promesa, pero lo intento con todo el mío cuore. De verdad que lo he intentado, creo que es lo único que realmente he hecho con convicción.
Pierdo el hilo cambiando canciones... en fin, a lo que iba.
El miedo es un factor que no se irá nunca, creo. Por favor entiéndeme en eso... no dejaré que el miedo me paralice, pero me gustaría que fueses razonable. No se puede volver a comenzar donde lo dejamos, porque si lo hacemos sería estúpido: cometer los mismos errores nos llevará - por lógica - al mismo final. Y si te pierdo, no quiero que sea por terceros, quiero que sea porque ya no me amas, o porque me odias, porque te aburro con tanto sentimentalismo y palabrería, porque encontraste a alguien más afortunado que yo, qué se yo...
Podríamos retomarlo poco a poco, a un ritmo normal, conversando los problemas que tenemos estancados, hablando. Coach, ud. y yo somos del mismo equipo, no olvides que también me llamaste amiga en algún momento, que puedes conversar sobre todas las cosas conmigo, que quiero que estés bien y que te sientas cómoda. Porque tú eres mi prioridad... lo que no significa que debo besar el suelo que pises ni que todo mi universo gira en torno tuyo... porque eso es enfermizo.
Sin tí bien contigo mejor, eso lo mandamos hace rato al carajo. No hagamos que vuelva. Sin tí mal contigo genial. No quiero perderte... a veces siento que no somos las mismas... es evidente, los golpes cambian. Pero no porque llores en tu cama sola significa que no puedes hablar sobre lo que te hizo llorar conmigo.
Las relaciones son eso: compartir, aunque sean estupideces. Quiero saberlas. Quiero conocerte. Quiero saber quién eres. De quién me enamoro todos los días al mirar mi muñeca.
Te amo. Y mi regalo de navidark va en serio: quiero que te encuentres a tí misma en el medio... algo que yo aún no logro hacer.
Es como las ruedas de la fortuna, como las cajas de bombones (a lo Forest Gump), como las montañas rusas... la vida es como la vida.
Jueves y Viernes fueron dos días complejos, emocionalmente perturbados por no sé qué onda hormonal/emocional mezclada con reflexiones bastante estúpidas. Fue por eso, y porque extrañaba a mis amigas, por lo que decidí marcharme de Santiago... necesitaba pensar con claridad, dibujarme el mapa en el mate.
Encontrar el medio es lo que he tratado de hacer desde que tengo uso de razón: ni mucho ni poco, ni altos ni bajos, ni hombre ni mujer... ni hetero ni lesbiana...
Hay asuntos para los cuales no es difícil encontrar el balance, pero hay otros, que son un pelín más complicados. Y por pelín me refiero a la peluca entera.
Yo tenía un miedo, una paranoia, un pánico: perderte. Hay mil maneras de perder a una persona, la comunicación desaparece, la relación se vuelve monótona, alguien coge un avión y dice "Volveré..." para no aparecer nunca más dejando un llamado telefónico de constatación... etcétera. Yo te perdía por acción de terceros.
Sin mencionar que dichos terceros me ofrecían una linda estadía en la tierra de los Denunciados por Estupro, gente a la cual se le dificulta volver a armar la vida.
Para tí no fue un paseo por los Campos Eliseos precisamente, como bien repites siempre: la nuca y la espalda son las facciones que reconoces inmediatamente en tu familia...
Diría que te entiendo... pero mentiría, sólo me aproximo a tu dolor por lo que tú compartes conmigo. Son dos tipos de dolor, dos amenazas, dos emociones diferentes. Tú sabías de buena fuente cómo se sentía tu familia mientras que yo me devoraba las uñas basándome en especulaciones que llegaban al borde de lo atroz. Especular, contestar el teléfono con los dientes apretados, incluso agresivamente, tomar clorfenaminas, estrujar la almohada de tanto llorar. Esa fue mi tajada de la torta... Por favor no pienses que te culpo, tú no hiciste esas llamadas ni me apuntaste con el dedo, y volvería a pasar por lo mismo sólo para poder estar contigo. Te prometí que no te dejaría sola... y creo que he cumplido pobremente la promesa, pero lo intento con todo el mío cuore. De verdad que lo he intentado, creo que es lo único que realmente he hecho con convicción.
Pierdo el hilo cambiando canciones... en fin, a lo que iba.
El miedo es un factor que no se irá nunca, creo. Por favor entiéndeme en eso... no dejaré que el miedo me paralice, pero me gustaría que fueses razonable. No se puede volver a comenzar donde lo dejamos, porque si lo hacemos sería estúpido: cometer los mismos errores nos llevará - por lógica - al mismo final. Y si te pierdo, no quiero que sea por terceros, quiero que sea porque ya no me amas, o porque me odias, porque te aburro con tanto sentimentalismo y palabrería, porque encontraste a alguien más afortunado que yo, qué se yo...
Podríamos retomarlo poco a poco, a un ritmo normal, conversando los problemas que tenemos estancados, hablando. Coach, ud. y yo somos del mismo equipo, no olvides que también me llamaste amiga en algún momento, que puedes conversar sobre todas las cosas conmigo, que quiero que estés bien y que te sientas cómoda. Porque tú eres mi prioridad... lo que no significa que debo besar el suelo que pises ni que todo mi universo gira en torno tuyo... porque eso es enfermizo.
Sin tí bien contigo mejor, eso lo mandamos hace rato al carajo. No hagamos que vuelva. Sin tí mal contigo genial. No quiero perderte... a veces siento que no somos las mismas... es evidente, los golpes cambian. Pero no porque llores en tu cama sola significa que no puedes hablar sobre lo que te hizo llorar conmigo.
Las relaciones son eso: compartir, aunque sean estupideces. Quiero saberlas. Quiero conocerte. Quiero saber quién eres. De quién me enamoro todos los días al mirar mi muñeca.
Te amo. Y mi regalo de navidark va en serio: quiero que te encuentres a tí misma en el medio... algo que yo aún no logro hacer.
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